Desde un tiempo acá, el desarrollo de los teléfonos celulares
se ha constituido en una revolución para la comunicación a nivel global. De
herramientas que servían solo para hacer y recibir llamadas, a través del paso
del tiempo, han evolucionado hasta tal punto que hoy en día podemos tener una
biblioteca en la palma de la mano. Su desarrollo ha generado en paralelo, el
desarrollo de diversas plataformas y herramientas de comunicación,
entretenimiento y por que no, de aprendizaje.
Demas esta describir las aplicaciones del celular en la
vida cotidiana. La pregunta del millón es ¿qué utilidad le damos? Y la pregunta
va en plural, ya que engloba a los diversos componentes de la comunidad
educativa. El desarrollo de la comunicación sin duda ha vencido las barreras de
tiempo y espacio, pero hecha la ley, hecha la trampa y la analogía a esta
premisa radica en el hecho de que ambiguamente puede ser utilizado para fines
productivos como para fines destructivos, dependiendo del uso que le damos.
Dentro del aula, a través del celular podemos acceder
a información valiosa y de gran importancia académica, al costo de saber que
fuente de información es válida para este fin y que no. Entonces, no es solo la
tecnología disponible, sino la competencia de aquel que la utiliza lo que
determina que esta herramienta pueda o no ser útil para fines educativos.
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